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Meditación

Muchas personas tienen un prejuicio muy grande sobre la meditación. Lo consideran una actividad de alta complejidad. Y si se encuentran en una etapa inicial, la dificultad incrementa. Esta errónea creencia genera el desinterés en comenzar la beneficiosa práctica milenaria.

¿Qué es la meditación?

La ciencia de la meditación es una tradición universal  que surgió hace miles de años. Algunos aseguran que, aproximadamente en el año 1500 a. C., los autores del Vedas hindú (uno de los escritos más antiguos del mundo), practicaban la meditación.

Esta ciencia ha podido conservarse en su estado original gracias a su transmisión de generación en generación.  Además, su subsistencia se debe, principalmente, a que en sus enseñanzas y conceptos se encuentre todas las filosofías, religiones y disciplinas conocidas. Esto se evidencia en el hecho que todas las grande tradiciones espirituales han practicado dicha ciencia.

La meditación consiste en una serie de técnicas activas que estimulan la capacidad de control mental. Tanto para los períodos de concentración, como para el transcurso de una vida consciente. Es el estado predirigido de atención, que se centra en un estímulo individualizado y definido.

Un monje budista del siglo V, Buddhaghosa, la definió como el adiestramiento de la atención. Otros se han referido a la meditación como un método para apaciguar la mente. O una vía para comprenderla. También la han definido como la técnica para conseguir la paz. Armonizar el cuerpo y la mente. Es la práctica mediante la cual se dejan atrás todos los miedos, deseos, ambiciones y emociones negativas.

La meditación constituye el enfoque más importante para Buda Gautama. La práctica que enseñó es conocida como plena atención consciente para el despertar. Para los maestros Zen, es el medio principal para desmantelar una vida de apego al mundo material y conocer la sabiduría innata que existe en el interior de cada uno de nosotros.

Beneficios de la meditación

¿Cuáles son los beneficios que se consigue a través de la práctica? Uno de los principales es el alivio de las tensiones. Nos enseña a encontrar un poder, una energía, una paz y sabiduría interior. Este poder nos anima y da fuerza para conseguir un crecimiento espiritual positivo. Además contribuye al:

  • Desarrollo de la concentración pura, la cual se propagará a otros ámbitos de la vida ayudándonos a mantener el interés en todas aquellas actividades que requieran de algún aprendizaje o realización;
  • Más control sobre los pensamientos y emociones negativas,  que permitirá desarrollar una consciencia sobre nuestra forma de pensar, advirtiendo las ideas ingratas y perturbadoras. Estas tendrán un poder de dominación cada vez menor y no lograrán preocupar al meditador. Aumenta la capacidad para superar el estrés.
  • Potencia la memoria, debido a dos factores: el desarrollo de la consciencia, que se adquiere progresivamente. Y la moderación de todas aquellas emociones contraproducentes.
  • Fomento del desarrollo espiritual, entendiendo que la fuente de la sabiduría es el Ser. El Ser es el núcleo que une el cuerpo y la mente.  Es la esencia que está en lo más profundo de cada persona. Al tomar consciencia sobre esto, surge una nueva forma de ver el mundo. Parte integral de esta visión es el sentimiento de compasión y amor hacia el prójimo.
  • Relajación y sanación física, ayudando a descender el ritmo cardíaco y la tensión arterial. Mejora la respiración y oxigenación del organismo.

Meditación espiritual

Al pensar en la meditación, te puedes imaginar un monje budista asiático sentado con las piernas cruzadas en concentración profunda. Pero la meditación aparece también en la tradición judeocristiana e incluso mucho antes de buda con los chamanes. Ellos eran de la cultura de los cazadores y recolectores, los cuales a través de tambores o cánticos rítmicos, danzando con pasos repetitivos para entrar en un estado de conciencia superior.

Conexión con India

Las raíces más profundas con la meditación se encuentran en la India donde se ha cultivado esta práctica por más de 5000 años. Los sacerdotes védicos realizaban ritos y recitaciones a los dioses, con el tiempo, esas prácticas fueron evolucionando hacia una forma de oración que combinaba el uso de control de la respiración y la focalización de la devoción en lo sagrado.

La mejor hora para meditar

El mejor momento para realizar la práctica de la meditación son las horas del alba y la puesta al sol. Sea cual sea la hora escogida, asegúrate de estar en un ambiente que genere la menor distracción posible. También recomendamos meditar a la misma hora, en la manera que sea posible.

Entre las cuatro a seis de la mañana, la mente y la atmósfera están limpias, y ninguna actividad diaria las perturba. De esta manera la concentración llega sin ningún esfuerzo. Si no es factible este horario puede escoger un momento de descanso entre sus actividades diarias, por ejemplo, unos minutos antes de comer.

Las horas próximas a la puesta al sol, también son propicias para meditar. Incluso antes de ir a dormir, así la mente liberará cualquier tensión acumulada en el día y estará en armonía con su estado superior, consolidando el sueño plácido.

La importancia del hábito

Mantener la continuidad en la práctica, así como un horario regular son factores indispensables para la meditación,  ya que el subconsciente necesita regularidad para facilitar la concentración.

Al principio, podemos empezar a meditar entre 15 a 20 minutos diarios, para luego ir aumentando gradualmente el tiempo hasta llegar a la hora. Es mejor meditar cada día durante 15 minutos que 2 horas una vez a la semana.

Conceptos erróneos

Pero, ¿por qué se la considera complicada? El prejuicio surge de las malinterpretaciones sobre qué es la meditación. Algunos la considera como una clase de “fantasía”. Un proceso para liberar la mente y jugar con las ideas. Otros la entienden como una especie de trance, como el hipnótico. También, la consideran como la práctica de hacer desaparecer los pensamientos de la mente. Ese esfuerzo supremo para “dejar de pensar” y mantener la mente en blanco. O incluso, el intento de ocupar la mente con una canción o mantra. Todas son interpretaciones erróneas.

A pesar de que estos estados son beneficiosos en los momentos adecuados, aún así no tiene nada que ver con la meditación. Por el contrario, restringen la mente y conllevan a la frustración de quien la practica. Y debido al esfuerzo que se realiza, la mente se fatiga.