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Mudras

¿Qué son los Mudras?

En sánscrito, la palabra mudra significa “sello o anillo que produce gozo”. Es una combinación de movimientos que nos permiten entrar en sintonía con flujos de energía y enviarlas al cerebro. Cabe resaltar que los mudras son aquellas posturas que se realizan con el cuerpo, las manos, los ojos e incluso con la lengua. Los mudras más conocidos son los que se hacen con los dedos, las manos y las muñecas. Este también se lo conoce como el “yoga de las manos”.

Mudras curativos

Los mudras budistas tienen un gran poder curativo en nuestro cuerpo y alma. Estos reducen nuestro estrés y calman la ansiedad, inquietud y malestares físicos.

Siempre tienen que ser acompañado de la práctica de la meditación y el desarrollo de la concentración.

Mudras: Orígenes

Si bien no se sabe con certeza cuándo y dónde surgió, se estima que esta práctica dentro de un contexto espiritual tiene sus raíces hace miles de años en el Oriente. Por ello, se puede observar imágenes y esculturas de diferentes religiones haciendo estos gestos simbólicos.

Mudras
Mudra en la religión cristiana.
Mudras
Egipcios realizando combinaciones de mudras.
Mudras
Mudra en el budismo.

Pero los mudras no son usados únicamente en prácticas espirituales. Cotidianamente, el ser humano forma estos símbolos con las manos inconscientemente. Esto se debe a que reflejamos nuestros pensamientos y sensaciones a través de ellas. Incluso podemos reforzar nuestras ideas e influir sobre los sentimientos.

Los mudras que solemos utilizar a diario, tienden a ser los más indicados para el estado en que nos encontramos en ese momento. Si los percibimos con atención, podremos captar los pensamientos y el estado de ánimo en que se encuentran los demás y nosotros mismos.

Beneficios de los Mudras

La combinación de estos gestos simbólicos es una poderosa herramienta para optimizar la sintonía del Ser individual con el Universo. Al mejorar esta conexión, se obtiene una salud plena. Esto funciona porque nuestro cuerpo esta compuesto de 5 elementos:

  • Fuego: Está representado por el pulgar. Se relaciona físicamente con la digestión, los músculos y el sentido de la vista. Las emociones asociadas son la fuerza interior, autoestima, valentía.
  • Aire: Representado por el dedo índice. Vinculado con la respiración y los pulmones; el sistema circulatorio y el corazón; el sentido del tacto y los brazos y manos. Se relaciona con las emociones de libertad, aceptación de uno mismo, compasión, capacidad para perdonar.
  • Espacio: El dedo medio lo simboliza. Se asocia a la boca, garganta y orejas; el hambre, la sed y el peso; sentido del oído. Emociones de paz interior, comunicación y creatividad artística.
  • Tierra: Se materializa en el dedo anular. Se conecta físicamente con el sistema inmunitario y el esqueleto; pies y piernas; sentido del olfato. Sentimientos de estabilidad, arraigo, seguridad, consolidación en el presente.
  • Agua: Se vincula con el dedo meñique. Está relacionada con el bienestar general, el sistema urinario y reproductor; sentido del gusto. Se percibe sensación de salud general, capacidad de desapego y adaptación.

Una vez que estos elementos estén presentes en nuestro cuerpo de una forma equilibrada y en cantidades adecuadas, la salud será óptima.

Cuándo y cómo practicar los Mudras:

Para poder llevar a cabo estas prácticas y optimizar sus efectos es necesario que nuestro entorno nos favorezca. Por eso, deben realizarse en un espacio silencioso, tranquilo y armónico. Pero también pueden practicarse en la oficina, antes de rendir un examen o incluso en medio de un embotellamiento. En estas situaciones nos ayudará a disminuir la ansiedad y el estrés. Nos otorgará calma y serenidad. Lo más importante en estas prácticas es mantener la concentración y ser conscientes en nuestra respiración y en cómo reacciona nuestro cuerpo.

En segundo lugar, es muy productivo estar sentado en una posición cómoda y relajada. Puede ser sobre un almohadón, con las piernas cruzadas manteniendo la espalda recta. Lo principal es que no resulte doloroso y que se mantenga un estado de relajación. La actitud mental y emocional es fundamental, ya que la eficiencia de un mudra dependerá de la fuerza de concentración en su realización.

Duración de la práctica:

Si bien cada persona tiene distintos niveles de concentración, el motivo que los mueve a realizar esta milenaria práctica también varía. Hay quienes quieren comenzar esta práctica debido a que padecen dolencias corporales. Hay otros que lo inician por cuestiones espirituales. O incluso están aquellas personas que se sienten emocionalmente desequilibradas. Por esta razón, resulta dificultoso estipular un tiempo determinado para conseguir resultados inmediatos y eficaces.

De allí surge la diversidad de los tiempos recomendados. Algunos sugieren mantener esta práctica entre 15 segundos a 45 minutos. Otros aconsejan al menos 3 minutos diarios, para luego ir aumentando poco a poco. Esta actividad también se puede medir según los movimientos respiratorios, los cuales pueden oscilar entre 7 a 21 repeticiones.

Independientemente del tiempo, lo más importante es generar el hábito y realizarlos diariamente. Esta constancia y regularidad van a influir positivamente en los resultados que se obtendrán. Para completar este proceso de curación, puede que deba realizar un mudra durante semanas o incluso meses. Una vez finalizada la curación, intente adoptar esta forma de vida. Mantener la concentración espiritual y la relajación física y mental lo ayudarán a evitar nuevas dolencias o complicaciones.

Tipos de Mudras: Los más poderosos y sanadores.

Según varias investigaciones, se calcula que existe más de 500 mudras. Pero en Yoga Juntos hemos elegido los más conocidos, que a su vez solucionan las problemáticas más comunes de hoy en día. Para una mejor organización, fueron ordenadas según la zona en donde sus beneficios se enfocan.

Mudra de protección

Antes de hacer este mudra, se necesita que las palmas de las manos estén calientes. Para esto, frótese ambas manos entre sí hasta conseguirlo.

Después, coloque las manos delante del pecho con las palmas hacia el frente. Cada vez que exhalamos, extendemos las manos hacia adelante (como si quisiéramos alejar algo). Y con la inhalación, las traemos nuevamente al pecho (siempre con las palmas al frente). Repetir 12 veces.

Por último, con la mano derecha a la altura del pecho, unimos el pulgar con las puntas de las yemas del anular y meñique. El índice se extiende y el medio se dobla levemente. La mano izquierda, sobre el corazón.

Mudra para los ojos

Juntar las puntas de los dedos índices con los pulgares en ambas manos. Colocarlas frente a los ojos y usarlas de “anteojos”. Observe fijamente un punto, a través de ellas. Al agotarse, baje las manos y deje divagar la vista.